Ninguna dirección
Ninguna dirección donde ir
Burroughs dice que es una nave
de espacio-tiempo
Conectada con místicas
y misterios
De según él majestades
trascendentales,
Pulque manzanas silvestres verdes
de sueño hipnótico
En una enredadera colgante Ecuad.
Burroughs dice, Tenemos destino,
El último de los Hombres Fáusticos.
Ninguna dirección en el vacío
Es la noticia del vacío
En contacto con el vacío
En todas partes el vacío
Ninguna dirección donde ir
(sino)
(a)dentro
Hm
(desgarramiento del papel indica
desvalidez de todos modos)
domingo, 22 de diciembre de 2013
lunes, 16 de diciembre de 2013
Asilo de ancianos, W. H. Auden.
Todos poseen un límite: cada uno
Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
Es el veneno del espíritu:
Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué
Abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
Que soporta la tele
Y guiado por amables terapeutas
Canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan
Palabras en el limbo, y al final
Los que ya son del todo incompetentes
Y como una parodia de las plantas
(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
Todos aparecieron cuando el mundo,
A pesar de sus males,
Era más habitable y más vistoso
Y los viejos tenían auditorio
Y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
Podía refugiarse con la abuela para ser consolado
Y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar,
Mas su generación es la primera
Que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
Como se arrumban fardos indeseables.
Mientras voy en el Metro para estar
Media hora con una del asilo,
Recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
Y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
Un somnífero rápido, indoloro;
O bien para rogar, como ella ruega,
Que Dios o la naturaleza precipiten
Su función terrenal?
Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
Es el veneno del espíritu:
Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué
Abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
Que soporta la tele
Y guiado por amables terapeutas
Canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan
Palabras en el limbo, y al final
Los que ya son del todo incompetentes
Y como una parodia de las plantas
(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
Todos aparecieron cuando el mundo,
A pesar de sus males,
Era más habitable y más vistoso
Y los viejos tenían auditorio
Y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
Podía refugiarse con la abuela para ser consolado
Y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar,
Mas su generación es la primera
Que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
Como se arrumban fardos indeseables.
Mientras voy en el Metro para estar
Media hora con una del asilo,
Recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
Y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
Un somnífero rápido, indoloro;
O bien para rogar, como ella ruega,
Que Dios o la naturaleza precipiten
Su función terrenal?
domingo, 24 de noviembre de 2013
El hombre con la cara del Che, Washington Cucurto.
Él se tatuó al Che en el hombro
cuando nadie se tatuaba nada ni
siquiera todos conocían al Che.
Cuando eso ocurría, él se lo tatuó.
¿Por qué te has tatuado al Che?
le preguntaba mi abuela.
Eso hacen los hombres que salen de la cárcel,
decía ella.
“Y qué crees vos, madre, que es esta vida que vivimos
sino una gran cárcel”.
Cuando nadie se tatuaba nada, él
se tatuó al Che en el Hombro
siglos antes de que el Che fuera el Che;
un hombre hizo eso antes
de que todo esto sucediera.
Hoy, un día antes de navidad,
lo llamo para desearle felices fiestas.
Me atiende completamente borracho.
Feliz de escucharme y a la vez
me dice algo acerca de la nieve.
“Vos sos un simulacro en la nieve”.
Mi padre ha vuelto a la bebida.
Regresó a ella.
“¡Qué lindos están tus hijos, hermano!”
Mi padre me dice, “hermano”.
Papá, mañana es navidad.
“Estoy arrepentido de haberme
tatuado la cara del Che en el Hombro.
Arrepentido de todo y tambíén del Che”.
Su Che, nuestro Che del Hombro de nuestra
Infancia.
“El Che envejeció en mi hombro más que yo”,
me dice.
Mi padre ha vuelto a la bebida.
Mi padre se cae al Hombro.
“No te olvides de mí, hermano”, me dice.
Eso nunca, contesté, y bajé el teléfono.
cuando nadie se tatuaba nada ni
siquiera todos conocían al Che.
Cuando eso ocurría, él se lo tatuó.
¿Por qué te has tatuado al Che?
le preguntaba mi abuela.
Eso hacen los hombres que salen de la cárcel,
decía ella.
“Y qué crees vos, madre, que es esta vida que vivimos
sino una gran cárcel”.
Cuando nadie se tatuaba nada, él
se tatuó al Che en el Hombro
siglos antes de que el Che fuera el Che;
un hombre hizo eso antes
de que todo esto sucediera.
Hoy, un día antes de navidad,
lo llamo para desearle felices fiestas.
Me atiende completamente borracho.
Feliz de escucharme y a la vez
me dice algo acerca de la nieve.
“Vos sos un simulacro en la nieve”.
Mi padre ha vuelto a la bebida.
Regresó a ella.
“¡Qué lindos están tus hijos, hermano!”
Mi padre me dice, “hermano”.
Papá, mañana es navidad.
“Estoy arrepentido de haberme
tatuado la cara del Che en el Hombro.
Arrepentido de todo y tambíén del Che”.
Su Che, nuestro Che del Hombro de nuestra
Infancia.
“El Che envejeció en mi hombro más que yo”,
me dice.
Mi padre ha vuelto a la bebida.
Mi padre se cae al Hombro.
“No te olvides de mí, hermano”, me dice.
Eso nunca, contesté, y bajé el teléfono.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Ni razón ni palabra, Edgar Bayley.
cada noche los sueños inmolan tu pena y tu culpa
de frente al olvido
a la pregunta y la canción inexcusable
es necesario empaparse
herirse hundirse
buscar el estallido hasta decir: perdón no soy el mismo
pero el fuego desgrana tus razones de tierra
debes perder la luz plena
los motivos de la victoria
agrio pesado cruel
la ciudad te vuelca te vacía
corazón vacío
miseria burbujeante
no es preciso razón ni palabra
para este airado hogar
que nadie después sume su nieve o su festejo
despierto queda allí en su momento
en cambio y permanencia
en nube recia
en la libre mano
y el cabalgar del sueño
martes, 19 de noviembre de 2013
Ya no hay lugar para la frivolidad, Alfredo Veiravé.
Todos poseen un límite; las lecturas en el jardín
absorben el deseo de las plantas húmedas y el mundo
/visionario
habla allí únicamente con algunos seres animados de
/ojos abiertos y profundos.
(Entre los helechos y los tiernos animales inocentes el
/espacio pasa
como un equilibrista que abre su sombrilla para no caer
/en el vacío.) Hay
diferentes formas de fracaso cuando el trapecista joven
/sufre el miedo
en las cárceles de la pesadilla,
aunque en el fondo sabe que los victimarios y los
/torturadores
se juntan en el infierno de la historia, y que las hojas
/caen sobre ellos
para convertirlos en tierra deleznable. Por eso canta
/ahora y mira
solamente hacia delante / no dará explicaciones de la
/vida: el cuerpo sabe
esquivar los dardos venenosos del rencor, quizás, una
/forma cerrada del amor
que no fue correspondido. A veces los límites se abren y
/comienza el vuelo;
entonces, ya no hay espacio para las frivolidades como
/saben
los que vuelven de la guerra, o del errático exilio (del
/poema).
/en el vacío.) Hay
diferentes formas de fracaso cuando el trapecista joven
/sufre el miedo
en las cárceles de la pesadilla,
aunque en el fondo sabe que los victimarios y los
/torturadores
se juntan en el infierno de la historia, y que las hojas
/caen sobre ellos
para convertirlos en tierra deleznable. Por eso canta
/ahora y mira
solamente hacia delante / no dará explicaciones de la
/vida: el cuerpo sabe
esquivar los dardos venenosos del rencor, quizás, una
/forma cerrada del amor
que no fue correspondido. A veces los límites se abren y
/comienza el vuelo;
entonces, ya no hay espacio para las frivolidades como
/saben
los que vuelven de la guerra, o del errático exilio (del
/poema).
domingo, 20 de octubre de 2013
Letanías, John Ashbery.
I
Los objetos también son importantes.
No todo el tiempo lo son.
Pueden fruncir el ceño,
y hasta perdonar, de alguna manera.
Me preguntan qué hago aquí.
¿Esperan que lea esto realmente?
Si es así, tengo una sorpresa para ustedes.
Voy a leérselo a todos.
II
La primavera es la más importante de las estaciones.
Está aquí aun cuando no está aquí.
Todas las otras estaciones son una excusa para ella.
Primavera, ociosa primavera,
sos una pobre excusa paar el verano.
¿Te han dicho dónde te extraviaron,
en qué arteria que atraviesa la ciudad
veloz, muy veloz como el aliento?
III
Es importante ser mostrado
en una forma artificiosa. Otros intentarán
ofrecerte algo —no lo aceptes bajo
ningún concepto. Reflejado en la vidriera
de una farmacia uno se da cuenta
de la distancia que ha recorrido.
Déjense saborear por otros.
Duerman felices;
el viento está allí.
Pasen. Los estábamos esperando.
Los objetos también son importantes.
No todo el tiempo lo son.
Pueden fruncir el ceño,
y hasta perdonar, de alguna manera.
Me preguntan qué hago aquí.
¿Esperan que lea esto realmente?
Si es así, tengo una sorpresa para ustedes.
Voy a leérselo a todos.
II
La primavera es la más importante de las estaciones.
Está aquí aun cuando no está aquí.
Todas las otras estaciones son una excusa para ella.
Primavera, ociosa primavera,
sos una pobre excusa paar el verano.
¿Te han dicho dónde te extraviaron,
en qué arteria que atraviesa la ciudad
veloz, muy veloz como el aliento?
III
Es importante ser mostrado
en una forma artificiosa. Otros intentarán
ofrecerte algo —no lo aceptes bajo
ningún concepto. Reflejado en la vidriera
de una farmacia uno se da cuenta
de la distancia que ha recorrido.
Déjense saborear por otros.
Duerman felices;
el viento está allí.
Pasen. Los estábamos esperando.
domingo, 13 de octubre de 2013
El ápice, Jorge Luis Borges.
No te habrá de salvar lo que dejaron
escrito aquellos que tu miedo implora;
no eres los otros y te ves ahora
centro del laberinto que tramaron
tus pasos. No te salva la agonía
de Jesús o de Sócrates ni el fuerte
Siddharta de oro que aceptó la muerte
en un jardín, al declinar el día.
Polvo también es la palabra escrita
por tu mano o el verbo pronunciado
por tu boca. No hay lástima en el Hado
y la noche de Dios es infinita.
Tu materia es el tiempo, el incesante
tiempo. Eres cada solitario instante.
escrito aquellos que tu miedo implora;
no eres los otros y te ves ahora
centro del laberinto que tramaron
tus pasos. No te salva la agonía
de Jesús o de Sócrates ni el fuerte
Siddharta de oro que aceptó la muerte
en un jardín, al declinar el día.
Polvo también es la palabra escrita
por tu mano o el verbo pronunciado
por tu boca. No hay lástima en el Hado
y la noche de Dios es infinita.
Tu materia es el tiempo, el incesante
tiempo. Eres cada solitario instante.
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