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lunes, 13 de mayo de 2013

No vayas amablemente hacia esa suave noche, Dylan Thomas.

No vayas amablemente hacia esa suave noche,
la vejez debería arder en gritos al final del día
y rabiar, rabiar ante la luz que muere.

Por más que los sabios acepten que su final sea oscuro
porque sus palabras no atraparon ningún brillo,
no van amablemente hacia esa suave noche.

Buenos hombres que lamentan, caída la última ola,
que sus frágiles actos no hayan bailado con brillo en las bahías,
rabien, rabien ante la luz que muere.

Hombres salvajes que cantaron para atrapar el sol
en su arco, y que aprendieron, muy tarde, a llorar su partida,
no vayan amablemente hacia esa suave noche.

Hombres graves que agonizan y ven con la vista nublada
que sus ojos ciegos podrían brillar como meteoros y ser alegres,
rabien, rabien ante la luz que muere.

Y vos, padre mío, ahí en la triste altura,
maldecime, te ruego, bendecime, con tus fieras lágrimas.
No vayas amablemente hacia esa suave noche.
Rabiá, rabiá ante la luz que muere.

martes, 12 de junio de 2012

En mi oficio o mi arte sombrío..., Dylan Thomas.

En mi oficio o mi arte sombrío
ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en los brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo
que se aparta de la luna colérica
escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
ni para los muertos encumbrados
entre sus salmos y ruiseñores,
sino para los amantes, para sus brazos
que rodean las penas de los siglos,
que no pagan con salarios ni elogios
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.