viernes, 12 de abril de 2013

Siempre la poesía, Juan Gelman.

                                 a juan carlos onetti

la poesía debe ser hecha por todos y no por uno/dijo/
esas cosas solamente las puede decir un francés/rengo/
que nadie sabe qué hizo en la comuna de parís/
nadie sabe si se murió o no pudo/


todos se acuerdan de cuando tocaba el piano hasta altas horas 

    de la almita/
molestando a los vecinos que después tenían que ir a trabajar/
y se iban de la pensión mal dormidos/
pensando en la madre del pianoeta o poenista/


hablando pestes de ella cada vez que tropezaban con las piedras
o los fríos de las calles de parís/lo peor

es que tenían un acorde en la cabeza y no se lo podían sacar/
se la pasaban fundiendo hierro/soplando vidrio/y no 


se podían sacar el acorde del rengo/
el rengo les había hecho un acorde en la cabeza
y por allí pasaban furias/mañanitas/agüeros/
una vez a un ferroviario le pasó un pajarito por ahí/


el pajarito volaba al futuro/

con un papelito que decía futuro en el pico/
la cuestión es que los vecinos del rengo
tenían cara de piano en la mitad del atardecer/


caían músicas de ellos/

o teclas de oro donde empezaba el horizonte/
una mujer bellísima cantaba en la cabeza 

de los vecinos del rengo/que en realidad no era francés/

más bien era uruguayo/
solamente a un uruguayo se le puede ocurrir que la poesía 

debe ser hecha por todos y no por uno/
que es como decir que la tierra es de todos y no solamente

   de uno/

que el sol no es de uno/
que el amor es de todos y de nadie/
como el aire/y la muerte es de todos/y la vida
no tiene dueño conocido/

vos no eras rengo/lautréamont/
lo que pasó es que dejaste uruguay/
se te cayó un pedazo que
toca el piano y no deja dormir/

jueves, 4 de abril de 2013

Olvido, Octavio Paz.

Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allí, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.

Hunde tu ser a oscuras,
anégate la piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho al fuego fatuo.

En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no sabe quien dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
ser que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

En ese olvido sin edad ni fondo,
labios, besos, amor, todo renace:
las estrellas son hijas de la noche.

martes, 26 de marzo de 2013

462-0614, Charles Bukowski.

tengo muchas llamadas ahora.
son todas como
"¿sos charles bukowski,
el escritor?"
"si", les digo
y me dicen que entienden
lo que escribo,
y algunos son escritores
o quieren serlo
y tienen trabajos tontos y horribles
y no pueden enfrentar la habitación,
el departamento
las paredes
esa noche-
Buscan alguien con quien
hablar,
y no creen que
yo no puedo ayudarlos
que no conozco las palabras.
no pueden creer
que a menudo ahora
me doblo en mi habitación
agarrándome la panza y digo
"jesús jesús jesús, ¡no de nuevo!".
no pueden creer
que la gente sin amor
las calles
la soledad
las paredes
son mías también.
y cuando cuelgo
piensan que me guardé
mi secreto.


yo no escribo desde
el conocimiento.

cuando suena el teléfono
a mi también me gustaría escuchar las palabras
que pudieran aliviar
un poco ésto.


Por esa razón mi número
figura en la guía.

sábado, 16 de marzo de 2013

Los hombres que se vuelven, Eugenio Montale.

Probablemente
no eres más la que fuiste
y es justo que así sea.
El papel de lija ha raspado a fondo
y sobre nosotros todas las líneas se esfuman.
Sin embargo algo fue escrito
en las hojas de nuestra vida.
Ponerlas a contraluz es agigantar ese signo,
hacer un jeroglífico más grande que la diadema
que te deslumbraba.
No aparecerás más en la portezuela
del aliscafo, o emergiendo del fondo de algas,
nadadora en fangosos ríos
para dar un sentido a la nada. Descenderás
por las escaleras mecánicas de los templos de Mercurio
entre cadáveres enmascarados,
tú la sola viviente,
y sin preguntarme
si fue engaño, fue elección, fue comunicación,
y quién de nosotros era el centro
al que en las ferias se dispara con el arco.
Ni siquiera me lo pregunto. Soy aquel
que por un instante entrevió, y eso basta
al que camina entre columnas como ahora
nos ocurre si estamos aún con vida. Resbalamos.



lunes, 4 de marzo de 2013

Una vez dormi en casa de mi madre, Carmen Iriondo.

Claro azul era la tapa del libro que me diste
para que pronto durmiera sin pensamientos
sobre lo malo que era mirarte. Era de duras
tapas con lomo de cuero crudo desgajado.


El título en oro una sola palabra: ¿Extorsión?
¿Piedad? ¿Angustia? ¿Inevitable? ¿Culpable?
Comunes lugares para entrampar a las niñas.


No pude pestañear esa noche y el sol
me saludó con colores hepáticos entre letras.
Mareada por tu vino y ese maldito libro,
estrago de la ausencia ese olor a limón.


Trataba sobre dos padres con un hijo distinto
al que empujaban, sin decir quién o cuál,
escaleras abajo por el juramento cómplice.
Nadie había sido.


Vienen a buscarme.

viernes, 22 de febrero de 2013

27, Arturo Carrera.

En este viaje de regreso a
Buenos Aires,


llevo en un cofrecito aquellas cenizas.


Yo también quemé mis naves.
Llevo en estas carbonillas formas
y el cielo gris plomo, y la carita de amigos,
chicos de mi infancia.


¿Vuelvo adonde? ¿Qué dejé?
¿Qué llevo, confiado,
ahora?  
¿Quién dijo, otra vez,
quemémoslos?

viernes, 8 de febrero de 2013

Reflex, Luis Alberto Spinetta.

por un lado, el deseo arbitrario e incomparable de poblar la oscuridad 
casi sin recuerdo 
alguno.
poblar la soledad del alma, a lo que a veces se recurre al navegar la vida, 
llenándola con algo que no puede ser comprendido.
en sí, el alma, para no degradarse, no aparece 
(en el supuesto de poder ser comprendida).
ningún alma merece el castigo de la comprensión

manera de lanzarse,
vuelta,
y otra vez
tiene que lanzarse,
tiene que interpretar la pasión,
la pasión,
invertebrada,
la pasión.